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Evaluación: aportes para el diseño de propuestas renovadas

Lic. Stella Maris Romero

Introducción
En la actualidad la clásica pregunta acerca de qué y cómo evaluar requiere considerar a la práctica escolar y a la realidad social desde nuevas perspectivas. La evaluación es una práctica que no se restringe al ámbito educativo, ya que todas las instituciones evalúan de alguna manera, y los medios nos presentan evaluaciones: encuestas políticas, ránking de los programas de televisión o críticas de cine.

Nuestra vida está cada vez más atravesada por procesos evaluativos. Por eso se siente muchas veces que, en distintos terrenos, se está rindiendo examen. Se trataría entonces de una práctica social que se erige junto con la institucionalización educativa, razón por la cual es posible afirmar que la evaluación se desarrolla más allá de los muros de la educación formal y no formal.

En el ámbito educativo la evaluación representa, sin duda, una de las áreas de mayor complejidad y adopta modalidades muy diversas: examen escrito, exposición de un tema, observación, participación en debates, etcétera. Se reconocen distintas maneras: evaluación hacia los objetivos, evaluación formativa, evaluación continua.

Las investigaciones en el campo de la formación docente demuestran que si bien los profesores reciben información actualizada sobre corrientes didácticas, es habitual que repitan en la práctica los modelos de evaluación incorporados a lo largo de la propia formación.

La evaluación no tiene un fin en sí misma, no se evalúa para evaluar (Santos Guerra, 1996). Si la evaluación se ritualiza y se transforma en un fin en sí misma, deja de ser un medio para lograr determinados propósitos. Los sujetos actúan exclusivamente en pos de la evaluación; el fin no sería entonces el aprendizaje de un contenido sino la evaluación en sí misma.

La finalidad es mejorar la realidad, la propuesta pedagógica y el aprendizaje de los alumnos. En esta línea podemos afirmar que la evaluación es también un camino para el perfeccionamiento docente. Dice Sanjurjo (2003) que evaluar implica una permanente actitud de investigación tendiente a valorar todos los procesos, aun los no visibles nítidamente.

Aportes para el diseño de instrumentos de evaluación
Es fundamental partir de los diseños curriculares y del enfoque del área que plantean. Esto posibilitará ofrecer a los alumnos una propuesta coherente entre enseñanza y evaluación. El primer paso para diseñar una evaluación es preguntarse acerca de los objetivos definidos al inicio de la enseñanza para evaluar lo que realmente se enseñó: ¿qué conceptos clave enseñamos?, ¿qué competencias?

Pensar en la evaluación implica, desde esta perspectiva, identificar qué evidencias hay que tener en cuenta a la hora de analizar los aprendizajes que alcanzaron los alumnos. Algunas preguntas que deberíamos formularnos como docentes son:

¿Qué debería poder demostrar un alumno que alcanzó los aprendizajes que buscábamos?
¿Qué demostraría uno que aún no los alcanzó o que los alcanzó parcialmente?
¿Vamos por el buen camino?
¿Cómo ajustamos el rumbo?
¿Qué devolución les hacemos a nuestros alumnos para que alcancen los objetivos de aprendizaje que nos propusimos al comienzo?

Pistas
  • Dar transparencia al proceso evaluativo explicitando a los alumnos los criterios de evaluación y los instrumentos, valorando sus avances y el modo en que han podido responder a partir de las situaciones didácticas propuestas.
  • Implementar a lo largo del año diferentes instrumentos:
    - de aplicación.
    Por ejemplo: pruebas de desarrollo, multiple choice, respuesta a preguntas.
    - de construcción
    , para la elaboración de un producto. Por ejemplo: discusión en grupos, mapas conceptuales, elaboración de preguntas, confección de fichas, diario de proceso (porfolio).
    - de investigación, dirigidas a la interpretación o descubrimiento de un hecho. Por ejemplo: elaboración de informes, análisis de las colecciones de trabajos.
  • Dejar de lado las preguntas cuyas respuestas sean meramente reproductivas, es decir, las que requieren que los alumnos repitan lo que recuerdan, sin más elaboración. Estas preguntas suelen ser las que los alumnos olvidan al día siguiente de haber rendido el examen.
  • Trabajar con situaciones problemáticas con sentido para los alumnos, que los inviten a explicar lo que sucede a partir de lo que han comprendido desde una situación real y cercana, alternando entre actividades que puedan resolver en pareja o de manera individual.
  • Considerar a los alumnos con derecho a participar en el proceso de evaluación, es decir, incluir sus puntos de vista sobre cómo resolvieron la tarea y su responsabilidad con respecto al trabajo hecho. De esta manera se podrá superar una concepción de la evaluación centrada solo en manos del docente y avanzar en una que involucre al grupo de clase, a los compañeros y a la coordinación del ciclo.
Hacia la inclusión de estrategias metacognitivas en los procesos evaluativos
En pocas palabras, se puede decir que la metacognición requiere saber qué (objetivos) se desea conseguir y saber cómo se los consigue (autorregulación o estrategia). Lo que se comprueba diariamente es que cada persona tiene de alguna manera puntos de vista metacognitivos, algunas veces en forma inconsciente; por esta razón se pone en valor su enseñanza. Se trata, a su vez, de una habilidad que puede servir para enriquecer los procesos de evaluación.

Para Flavell (1978), “la metacognición hace referencia al conocimiento de los propios procesos cognitivos, de los resultados de estos procesos y de cualquier aspecto que se relacione con ellos; es decir, el aprendizaje de las propiedades relevantes que se relacionen con la información y los datos. Por ejemplo, yo estoy implicado en la metacognición si advierto que me resulta más fácil aprender A que B”.

Siguiendo con esta línea de pensamiento, se puede sostener que un alumno crece en madurez cognitiva a medida que sabe qué es comprender, cómo debe trabajar mentalmente para comprender y cuáles son las emociones que acompañan a ese proceso de aprendizaje. Es desde allí que consideramos la importancia del clima positivo en la escuela y el acompañamiento docente para que los chicos conozcan sus emociones. Cuando los docentes utilizan en sus prácticas, en la enseñanza y en la evaluación, herramientas que permitan hablar de sus emociones, los alumnos pueden desarrollar mecanismos de