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Organización del espacio en el aula

La organización del espacio en el aula es una tarea de importancia ya que una buena distribución, ambientación y aprovechamiento de los espacios favorecerá la gestión de las clases y el aprendizaje de nuestros alumnos.

Afortunadamente, estamos en el inicio del año y aún nos podemos permitir modificar y mejorar la ambientación y la organización de nuestra aula. Para ello hay ciertas premisas que debemos tener en cuenta a la hora de organizar el espacio en el cual convivirán niños, niñas y docente durante todo un año.

La organización del aula dependerá de:
  • El modelo pedagógico que sigamos. No es lo mismo que el docente se proponga como el eje de atención en el aula que, por el contrario, sean los alumnos los protagonistas o promotores de las actividades que se organizarán en ella.
  • Los vínculos que queramos favorecer entre el docente y sus alumnos, y entre los propios alumnos.
  • Las actividades que desarrollemos en el aula, con respecto al modelo pedagógico por el que optemos, podrían ser colectivas, individuales, de investigación, de experimentación…
  • El espacio físico del que disponemos en el aula, y el material didáctico y el mobiliario con que contemos.
A continuación te ofrecemos una serie de pautas para aprovechar el espacio en tu aula y optimizar así el aprendizaje de tus alumnos.

1. Las paredes también forman parte del espacio del aula
Las paredes nos sirven como apoyo del aprendizaje con recursos visuales, a fin de estimular el aprendizaje de nuestros alumnos. Evitá dejarlas vacías. Te sugerimos que cuelgues material que sirva de consulta y motivación para tus alumnos de acuerdo con su edad: abecedario, calendario, medidor, cuadro de números, mapas, cartelera de cumpleaños.

2. La disposición en mesas grupales es una buena opción
En muchas aulas, la mayor cantidad del espacio se dedica a la disposición individual de las mesas de nuestros alumnos. Aunque los docentes podemos variar en gran medida la disposición de nuestro escritorio, generalmente la mayoría alinea los treinta pupitres en filas ordenadas y frente a la mesa del profesor. Recordá que existen otras opciones: organizar mesas en grupos cooperativos de trabajo o configurarlas en forma de U, para que todos los alumnos tengan un asiento en “la primera fila”. Las mesas por parejas o por grupos favorecen la comunicación y la construcción social del conocimiento. Independientemente de cómo se hayan organizado las mesas, no temas hacer cambios a lo largo del ciclo lectivo o de acuerdo con las distintas actividades que vayas planteando.
Si tenés la posibilidad, es una buena opción que tu lugar de trabajo en el aula sea rotativo, que puedas sentarte semanalmente en distintos lugares para favorecer el vínculo y descentralizar el aula.

3. El pizarrón no necesariamente tiene que ser el centro del aula y de las actividades cotidianas
Al poder utilizar otros recursos visuales, no es necesario orientar los escritorios de tus alumnos hacia el pizarrón. Podés situar las mesas de manera que los alumnos se miren cara a cara; así favorecerás el cooperativismo y el aprendizaje colaborativo.
Cuando las actividades lo permitan, trabajá sobre un papel afiche pegado sobre alguna de las paredes del aula, para que quede registro de lo trabajado y pueda servir de consulta en futuras actividades. “Cambiar el frente” de la clase aporta dinamismo , evita caer en rutinas y monotonía, y supera antinomias del tipo “los chicos de adelante” y “los chicos de atrás”.

4. El aula no termina en sus paredes
No temas salir al pasillo, al patio o a otros espacios de la escuela para realizar, por ejemplo, sesiones de lectura. Conseguirás que tus alumnos se sientan más motivados y mejor predispuestos para encarar las tareas.

5. No estás solo; preguntá y compartí ideas con tus colegas
Cuando tengas dudas o inquietudes, no dudes en recurrir a un compañero para que te ayude a pensar una distribución más eficaz del espacio. Si además tenés en cuenta a tus alumnos, es posible que distribuyan el espacio de la forma en que más favorezca su aprendizaje.

6. El aula es de todos: docente y alumnos
La escuela también es para divertirse. El aula tiene que ser un lugar acogedor y cercano a los intereses de tus alumnos. Podés usar plantas y objetos de la vida cotidiana para decorarla. También es importante convocar a tus alumnos para que colaboren en la ambientación y, de ese modo, se apropien del espacio. Es recomendable disponer de un espacio en el que se construya una cartelera para que cada niño y niña pueda colgar aquello que sea de su interés, desde una fotografía o un dibujo hasta artículos periodísticos que hayan captado su atención. Hacer del aula un lugar cálido predispone para un clima afectivo y de trabajo tranquilo y positivo.

7. Sectorizá los espacios en el aula
No utilices el aula como un único espacio. Pensá en un sector destinado a la biblioteca de aula y la lectura, una zona de trabajo colaborativo y puestas en común, alguna zona de reflexión individual y descanso. Si armás diferentes zonas de aprendizaje, los alumnos gozarán de libertad para intentar satisfacer sus inquietudes.

8. El material colectivo necesita también un espacio de acceso común
Con un espacio para el material colectivo (libros, juegos didácticos, CD de música), los alumnos tendrán que aprender a gestionar ese material, creando roles de organización, reparto y cuidado. Es importante, además, que aprendan a compartir, que se responsabilicen del material, que asuman diferentes roles…
Te recomendamos optar por una ORGANIZACIÓN FLEXIBLE, ABIERTA, DINÁMICA Y COOPERATIVA, que fomente las relaciones interpersonales, respete el ritmo individual de cada alumno, favorezca la relación con el ambiente, permita el trabajo tanto individual como colectivo y, sobre todo, que no parta únicamente de lo que sabe o propone el profesor, sino que dé un papel protagonista al alumno como eje y motor de esa organización.